Sonia Pulido Ilustración Podcast La ruta del exilio

CAPÍTULO 4

Este es el final

Lola y Duha llegan a la frontera. La republicana al Pertús, la entrada a Francia. Duha, a Rafah pero ambas se encuentran esas puertas cerradas. Y el tránsito por la espera y la incertidumbre. Lola, nerviosa, ve a las tropas franquistas pisarle los talones. Duha pasa todo el día esperando junto a una puerta que se abre de manera aleatoria. La idea de volver al punto de origen no es una posibilidad para ninguna de las dos.

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CRÉDITOS

Victoria Luengo es Lola
Duha Alzaiti ha contado la historia real de su familia gazatí.
Oriol Pla es Manel
Iria Márquez es Rosa.
El locutor republicando es Javier Gallego

Dirigido por Javier Gallego
Escrito por Javier Gallego, con la colaboración de David Pascual
Documentación y redacción por Ángela Sepúlveda
Pablo de Diego ha hecho la música, las mezclas y el diseño sonoro.
Las grabaciones son de Kelu Robles y el montaje de Mateo Garry.
Producción ejecutiva de Zeltia Tabeaio
Ilustraciones de Sonia Pulido

Los sonidos históricos del principio del episodio son documentos sonoros procedentes de los fondos de la Biblioteca Nacional de España.

TRANSCRIPCIÓN DEL CAPÍTULO

“A contarles vengo la última noticia, que en el mundo entero la atención merece, hoy la vieja España es republicana y no es monarca el rey Alfonso XIII. Después del gran triunfo de las elecciones…”

 Niceto Alcalá Zamora

 “un resurgir de vida ciudadana y culta que capacitaba a la democracia española para regirse por sí misma”. 

“Cara al sol con la camisa nueva que tu bordaste en rojo ayer…”

Niceto Alcalá Zamora

“la vida contemporánea española está dañada por una serie de guerras civiles y de pronunciamientos que oscurecieron ante el mundo la idealidad política española”

Dolores Ibárruri (La Pasionaria) 

¡Pueblo de España en pie! Mujeres, defended la vida de vuestros hijos, defended la libertad de vuestros hombres. Todos los sacrificios imaginables antes que consentir que triunfen las fuerzas que representan un pasado de opresión, un pasado de tiranía. ¡Todos contra la reacción! ¡Todos contra el fascismo! 

Esto es Nacional 2. La ruta del exilio.

Capítulo 4. Este es el final.

Lola

Querido Ramiro, he entregado esta carta a las autoridades militares sin demasiada esperanza de que te la puedan hacer llegar, pero convencida de que estás vivo, defendiendo la democracia y la libertad hasta el límite de tus fuerzas. Las mías flaquean, pero no pienso rendirlas ante los salvajes porque no es solo mi vida sino también la de nuestro hijo lo que debo proteger. Has leído bien, amor meu, ¡estic embarassada, serem pares! Eso me obliga a seguir avanzando, pero sin dejar de mirar atrás. Sé que vienes pisando mis huellas. Lo puedo sentir. Pronto nos reuniremos los tres. Amb tot el meu amor, Lola.

Lola

Dejé esa carta en Figueres y me uní a la procesión. 

Camino de La Jonquera. A pie. Sola. 

Duha

¿Estaba muy lejos?

Lola

Nada. Veinte kilómetros. Pero me parecieron mil. Ahora llevaba otra vida dentro por la que temía aún más que por la mía. 

Duha

Pero eso era un buen motivo para que te dejaran subir a un camión. 

Lola

No había o iban llenos. En Barcelona esperaba que no llegasen y en Figueres me cansé de esperar. Y el 4 de febrero, cuando cayó Girona, decidí irme.

Por la carretera, pasaban veloces algunos coches en los que reconocí algunas caras. Políticos e intelectuales a por los que irían primero los franquistas. En uno me pareció ver a un escritor al que admiraba. 

Duha

¿A quién?

Lola

Joan Oliver, un poeta catalán que firmaba con el nombre de Pere Quart. Escribió un libro sobre el exilio que me aprendí de memoria:

Una esperança desfeta,

una recança infinita.

I una pàtria tan petita

que la somio completa. 

Duha

¿Qué significa?

Lola

Una esperanza deshecha,

una nostalgia infinita.

Y una patria tan pequeña

que la sueño completa.

Duha

Ay, una patria tan pequeña… Podría ser la mía.  

Lola

 La mía era petita y cada vez lo era más. Según avanzaba, me parecía que estaba desapareciendo detrás de mí. 

Duha

La estaban devorando… como a Palestina. 

Lola 

Igual. Pero aunque petita, era una inmensidad para mis pies. Estaba tan cansada y tenía tanta hambre.  

Duha

¿No tenías de comer?

Lola

Había mucha escasez. Comíamos lo que nos daban los vecinos y lo que podíamos comprar. Pero muchos comercios habían cerrado ante la avalancha. De hecho, el gobierno les obligó a abrir, bajo amenaza, al menos dos horas al día. Y había comedores sociales donde servían un cucharón de arroz hervido con lentejas y un mendrugo de pan. Eso era todo, que era nada. 

Duha

¿Y no os matabais por conseguir lo que fuera como en Gaza, que la gente tiene que tirarse a por la comida porque no hay? A mí me parte el alma ver a esos niños, aplastados por la gente, llorando por llenar sus platos y sus ollas. 

Lola

Por el hambre vi yo uno de los momentos de mayor miseria humana. A la vuelta de un recodo, encontramos dos víctimas de un accidente. Uno era un coche volcado panza arriba, mostrando sus tripas. Y el otro, un caballo al que había atropellado y que unos cuantos destripaban con desesperación. Cubiertos por las mantas, de rodillas sobre el pobre animal, parecían buitres devorando un cadáver.   

Duha

¡Os moríais de hambre como en Palestina!

Lola

De hambre, y de frío también. Los que no morían por una, morían por el otro. O por ambas. Se paraban en el camino, encorvados por la helada, y poco a poco se iban apagando, con una expresión serena, como si, por fin, pudieran descansar. El camino estaba lleno de esas estatuas que el hielo conservaba intactas durante días. Se me hacía un nudo en la garganta pensando en mi embarazo, en que yo pudiera acabar igual.

Duha

Lola, no sigas, me está dando mucha pena y mucha angustia. 

Lola

Normal, mi niña. Mejor hablemos de otra cosa. 

Locutor

La marea fugitiva sigue su curso hacia los Pirineos donde ya miles esperan a que Francia abra sus puertas, como hizo a finales de enero, cuando dio momentáneo acceso solamente a los civiles, en especial, mujeres, niños, ancianos, enfermos y heridos. No son solo catalanes, son también aragoneses, extremeños, asturianos, cántabros, andaluces, riojanos, gallegos, vascos… hablando todas las lenguas del rico pensamiento ibérico. De esta España que se pierde por culpa del odio. De esta España que se pierde…

Lola

Mejor hablemos de cómo pasasteis vosotros. 

Duha

Pero eso también me pone triste. 

Lola

Por lo menos escapabais.

 

Duha

No todos los que íbamos. 

Lola

¿Qué quieres decir?

Duha

Que mi tío se quedó. 

Estuvimos todo el día esperando a que nos dejaran pasar, hasta que se hizo de noche, y a las 12 o la 1, cerraron la puerta definitivamente.

Y le dijeron a todo el mundo que se fuera para casa, que ya no iba a pasar nadie más. Unos protestaban, otros se daban la vuelta. Pero mi padre no estaba dispuesto a regresar. Se abrió paso entre la gente, habló con alguien en la puerta, y le explicó que nos estaban esperando en la frontera con Egipto. Y, por fin, la suerte nos sonrió.

Lola

¿Por qué, qué pasó?

Duha

Que dio justo con la persona que sabía quiénes éramos. Le dijo “¿vosotros sois la familia Alzaiti, la familia numerosa?”. Mi padre dijo “sí”. Y él, “¿pero, hombre, dónde estábais? Os he estado buscando todo el día. Pasad, hombre pasad”. Y entonces, abrió una rendija en la puerta y fuimos pasando entre la gente como podíamos, y entrando uno a uno… los siete hermanos, luego mi madre, pero mi padre se quedó entre la gente. Mis hermanos pequeños cuando le han visto, se han quedado llorando, gritando… Y mi madre cogió a a mi padre de la mano y lo metió dentro… por un hueco muy pequeño… hasta que estuvimos todos. 

Lola

Todos menos tu tío.

Duha

Es que yo creía que iba a cruzar con nosotros, pero solo había venido a despedirse. Y no pudo, no se pudo despedir. 

Lola

No tuvisteis tiempo.

Duha 

Fue todo tan rápido que no nos dejaron ni darle un abrazo. Cuando nos dimos la vuelta para decirle adiós cerraron la puerta. 

Y nos quedamos todos allí llorando, mirándole desde el otro lado por última vez.

Lola

No sabes cómo te entiendo… Yo no pude despedirme de tanta gente a la que pensé que volvería a ver y que no volví a ver nunca…

Duha

Es que para mí él es casi como un hermano. Siempre estaba en nuestra casa. A mi madre le decía “mamá” porque ella le había cuidado como si fuera otro hijo. 

Lola

Es todo tan extraño. Estás en tu país rodeada de los tuyos y un segundo después, das un paso y estás en otro mundo, muy lejos.

Duha

A nosotros aún nos faltaban algunos pasos que dar.  

Lola

A mí también. 

Las dos

Los últimos, los más difíciles. 

 Locutor

…por culpa del odio. De esta España que se pierde pero no se da por perdida. El ejército leal a la República se niega a entregar las armas aunque se bate en retirada, una expresión que nos llena de pesar por su incoherencia. Deberían batirse en combate y abatirse con furia sobre las huestes fascistas. Pero eso ya no es posible, al menos en esta hora. Debiéramos pues decir abatirse en retirada. Sin embargo, ahí donde anida la pena, se incuba nuestra esperanza. Podemos perder la guerra, pero conservamos la tropa. Podemos perder la patria, pero nuestra causa es la justa. Mañana, los que hoy huyen volverán con toda Europa a luchar por la democracia. Los caminos de la huida serán también los de vuelta. 

Lola

Los últimos pasos pesaban. No solo por el cansancio sino por el desánimo. El propio paisaje parecía el campo de batalla de una derrota. A lo largo del camino, junto a coches y carros abandonados, que parecían barcos y botes en aquel mar de hielo, había también toda clase de objetos tirados de cualquier forma por todas partes. Los restos del naufragio: sillas, mesas, cazuelas, orinales, cepillos, colchones, maletas, baúles… y lo que más me impresionaba, ropa.

Duha

¿Ropa?

Lola

Muchísima. Sobre todo, ropa blanca. Sábanas, manteles, servilletas, camisas, calzoncillos, bragas, pañuelos, paños de cocina, batas… y hasta el pañal de un niño, que me hizo saltar las lágrimas. 

Duha

Vas a hacer que se me salten las mías.

Lola

¿Sabes qué me parecían? Banderas blancas. Las banderas de la rendición abandonadas en la retirada. Como escribió Álvaro de Orriols, otro poeta: “eran paisajes que no reían”. 

Duha

¿Cuánto os quedaba? 

Lola

Eso mismo me preguntaba cada cinco minutos, Rosa, una chica gallega muy risueña que me sacó de la melancolía por haber perdido a Paca. 

Rosa

Pero neniña, , ¿cuánto se tarda a La Jonquera?

Lola

Por mi reloj, no se tarda nada, le decía yo enseñándole la esfera rota, y ella se partía de risa. 

Rosa

Ese reloj anda aún menos que yo.

Duha

¿Aún os quedaban ganas?

Lola

Los paisajes no, pero nosotros sí. Imagino que el humor era nuestra única defensa a esas alturas. Recuerdo a unos soldados sentados alrededor de una hoguera, que al ver pasar a dos chicas jóvenes, nos gritaron con chulería:  

Soldado 1

¿Dónde vais con tanta prisa?

Soldados 2

¿Quién os persigue?

Lola

Hasta ganas de ligar quedaban. Pero eran la excepción. Según se acercaba el final, se unían a la procesión cada vez más soldados y milicianos, demacrados y cabizbajos, muchos de ellos cojos, caminando a pasos cortos o a zancadas de muleta, derrotados. Eran la imagen de la desolación.  

Duha

¿Preguntaste por Ramiro?

Lola

A cada uno al que veía. Pero nada. 

Duha

¿Y por Manel, por Manel preguntaste?

Lola

Eso es lo que viene ahora. 

Lola

Llegamos a La Jonquera en mitad de una estampida. Todos huían apurados hacia el norte. Preguntamos qué pasaba y nos dieron la noticia: 

Mujer

Estan a punt d’entrar a figueres

Lola

Ahora sí era el final. 

 Nos unimos a la silenciosa comitiva que no dejaba de crecer. El ansia nos empujaba, pero nos frenaban los camiones militares, las camionetas de heridos, las carretas de los payeses, los autobuses con los huérfanos de guerra… y la marabunta que avanzaba a trompicones. 

Cogí a Rosa de la mano y le dije: 

¡VAMOS!

Rosa

¡Lola, mis pies! 

Ella tenía unos botines destrozados y los pies en carne viva por la caminata, pero hizo un último esfuerzo y empezamos a sortear obstáculos, de pronto ágiles y ligeras, como dos galgos, porque el miedo a la muerte nos había devuelto la vida. 

Paso a paso, metro a metro, cubrimos los 6 últimos kilómetros y entramos en el Pertús, en la parte española, y seguimos sin parar hasta la misma frontera. Pero cuando llegamos, nos la encontramos cerrada.

Francia no nos dejaba entrar, 

Franco no nos quería dejar salir.

Y el tiempo… 

…se volvió a detener. 

La multitud empezó a agolparse en las calles, cada vez más inquieta y cansada, a la espera de que nos dejaran pasar. Encendían hogueras para combatir el frío y calentar lo poco que les quedara de comer. Yo intentaba convencer a mi compañera de buscar otra manera de cruzar. 

Lola

Crucemos de una vez, Rosa. 

Rosa

¿Y si nos detienen?

Lola

Al menos no nos moriremos de hambre y de frío aquí. 

¿Qué puede ser peor que esto? 

Manel 

Perdó, perdó…

Rosa

Que nos maten, eso puede ser peor.


Manel (más cerca)

Deixin-me passar, si us plau…

Lola

Pues quédate tú… 

Manel 

Disculpi, gràcies…

Lola

…y saludas a los fascistas de mi parte.

Manel 

Veo que no se te ha endulzado nada el carácter, Lola.

Lola

¡Ma… Manel!… Cómo… ¿Dónde estabas? 

Manel

Oye, oye, ¡con cuidado, que me vas a romper los huesos… 

lo que me queda de ellos! 

Lola

Es que yo… te creí muerto.

Manel

¡Y casi lo estuve!

¡Pero a ver si no me han matado las bombas 

y me vas a matar tú!


Lola

¿Qué te pasó? Yo vi cómo esa bomba te cayó encima. 

Manel

Por poco, pero no. Me hirió la metralla. ¿Ves esta mano, este brazo?

Lola

¡Ay, pobret!   

Manel

Me salvaron de quedarme ciego. Perdí la conciencia. Alguien me recogió y me llevó a un furgón. Me curaron, tuve fiebre. Cuando despertaba, preguntaba por ti, pero nadie sabía. 

Lola

Yo también pregunté por todas partes… y nada. 

Manel

Venía en un vagón de primera clase, como un rey. 

i la Paca, on és?

Lola

T’he d’explicar tantes coses.

 

Duha

¡Estaba vivo! ¡Qué alegría!

 

Lola

No sabes cuánta. Para mí fue también como volver a nacer. 

La posibilidad de una nueva vida. De pronto, volvía a creer que íbamos a salvarnos, que Ramiro me encontraría y tendríamos juntos a nuestro bebé. 

Duha

Y eso es lo que pasó, ¿no?

 

Lola

Ahora eres tú la que me ha de explicar muchas cosas. 

Duha 

Pero… No me vas a contar. ¿Me vas a dejar así?

Lola

Cariño, necesito descansar, son muchas emociones.

Anda, cuéntame tú.

Duha

Bueno, vale… ¿Qué quieres saber? 

Lola

Qué os ocurrió después de pasar la puerta. 

Duha

Que nos quedamos en un limbo, muy cerca de la meta, 

como te pasó a ti. 

Era muy de noche y hacía mucho frío. 

Las dos

Era invierno.

Duha

Estábamos muy cerca del desierto. Del Sinaí. Recuerdo el silencio después del ruido. Recuerdo que había muy poca luz. Parecía un lugar en ninguna parte.  

Duha

No había casi nadie. Solo un coche esperándonos y un autobús para las maletas. La frontera de Egipto no está lejos, a unos cientos de metros, pero tienen que llevarte. 

Nos montamos y recorrimos la pista hasta llegar hasta allí.

Lola

¿Adónde?

Duha

A una oficina. Una de esas oficinas con sillas y ventanillas a las que vas a hacer tus papeles. 

Lola

Un lugar sin lugar.

Duha

Estaba cerrada porque era tarde. Así que nos hicieron entrar y nos dijeron que teníamos que esperar hasta la mañana siguiente.

Lola

Un tiempo sin tiempo. 

Duha

Cenamos pan de pita con especias palestinas que había preparado mi madre, y que repartió también entre todo el mundo, y nos echamos a dormir con mucha gente que se había quedado atascada como nosotros.

Lola

El limbo del exiliado.   

Duha

Unos dormían en las sillas, otros dormían en el suelo, y mi madre empezó a sacar mantas que había traído y se puso a repartirlas también entre las personas mayores que había. Ella es así. Siempre nos dice que hay que ayudar a los que más lo necesitan y que lo bueno que haces por los demás, te vuelve. Aunque a ella, en este caso, no le volvió. 

Lola

¿Por qué?

Duha

Porque le dio mantas a todo el mundo y se quedó sin ninguna, durmió sobre el suelo, y hacía tanto, tanto frío que a la mañana siguiente se levantó tan enferma y tan cansada, que no se podía ni mover. 

Lola

¿Sabes una cosa? Lo único que nos salvó de aquel naufragio nuestro, de cualquier naufragio colectivo, es que lo peor sacó lo mejor de la buena gente. Y encontré a mucha, sobre todo muchas mujeres que me ayudaron y a las que creo que ayudé. 

Una especie de hermandad de los refugiados

Como la que encontré en Paca, en Rosa, en la niña o en Manel, mi querido Manel.

 

Lola

Manel, però explica’m, quin pla tens?

Manel

Ara t’ho explico, espera. 

No vull que ens sentin i ens segueixin. 

Manel

És aqui. Ja hem arribat. 

Rosa

¿Adónde?

Manel

Al paso para cruzar a Francia sin que nos vean. Ayer conocí a un paisano que pasa mercancía de contrabando y me indicó por dónde es más seguro hacerlo. 

Lola

¡Pues, venga! ¿A qué esperamos?

Manel 

A que anochezca. Es peligroso. 

Rosa

¿Cómo de peligroso?

Manel

No más de lo que hemos vivido hasta ahora, 

ni más de lo que vendrá si nos quedamos.

Rosa

Nos dispararán. 

Lola

Rosa, si no nos disparan ellos lo harán los fascistas. 

He oído decir a unos soldados que están al caer.

Rosa

Quizá abran pronto la frontera. 

Lola

O quizá no. 


Rosa

No sé si puedo hacerlo, Lola. ¿Te irías sin mí?

Lola

Rosa, por favor, no me hagas decidir. No puedo obligarte, pero ya he perdido a una amiga a manos de esos asesinos y no quiero perder a otra.

Rosa

Tengo miedo, yo no soy como tú. No he sido sindicalista ni he cogido un fusil. Yo solo apoyé a la República, como todo el mundo, porque venía a ayudarnos a los más pobres. 

Lola

Yo también tengo miedo… Y pena, ¿qué te crees, que no me importa que me maten, que no me importa dejar a los míos, quizá para siempre, y dejar mi país? Pero muerta no puedo luchar por él.

Rosa

Y a tu Ramiro, ¿no lo vas a esperar? 

Puede que venga en uno de los retenes.

Lola

O que haya cruzado ya por cualquier sitio. La única esperanza que tengo de encontrarlo está al otro lado.  

Rosa

Ahora tienes otra vida en la que pensar.  

Lola

Precisamente, Rosa. 

No quiero que mi bebé nazca en esta España. 


Manel

¿Tu bebé? ¿Vas a tener un bebé?

 

Duha

Me has recordado una historia, Lola. Nosotros también encontramos a alguien que quería pasar a escondidas. Pero no por fuera sino por dentro de la frontera.  

Lola

¿Pero cómo?

Duha

Entre las maletas. Había un remolque en el que las llevaban todas. Y cuando mi madre estaba dejando las nuestras, vio una mano, una mano moviéndose, con un anillo, por lo que pensó que era una mujer y que quizá se estaba ahogando, aplastada por las maletas. 

Lola

¡Ay, dios! ¿Y qué hizo?

Duha

¡Pues qué iba a hacer! Gritar, gritar: “ahí hay una mano, creo que hay alguien ahí que necesita ayuda”. Entonces, un guarda de seguridad que estaba junto a ella, empezó a quitar todas las maletas, y vinieron otros más, tiraron del brazo y, entre todos, sacaron al hombre.  

Lola

¿Pero no era una mujer?

Duha

Resultó que no, que era un hombre que se había ocultado en el remolque para intentar escapar.

Lola

Y lo expulsaron.

Duha

De vuelta a Rafah.   

Lola

Ahora lo entiendo. Ya sé por qué tu madre se enfermó, la pobre. 

Duha

¿Por qué?  

Lola

No fue por las mantas, una cosa buena que seguro que después le volvió. Fue por esto, por estropearle el plan de fuga sin querer. Estas cosas pasan, que quieres hacer algo bueno por alguien pero las cosas… no salen del todo bien. 

Duha

¿Por qué lo dices? 

Lola

Por nuestro plan de fuga.


Lola

Finalmente, al anochecer, los tres intentamos cruzar monte a través. Tuvimos suerte, el cielo se había despejado y la luna iluminaba tenuemente nuestros pasos. Al principio, todo fue bien. 

Lola

Manel, no corris.

Manel

Hem de donar-nos pressa.

Lola

No podemos dejar a Rosa atrás.

Rosa

No puedo andar más deprisa.

Lola

Hasta que nos internamos en el bosque… 

Rosa

No veo nada.

Lola

…todo quedó a oscuras… 

Manel

Shhhhhh! Callad.

Lola

…y dos fogonazos terribles… 

Rosa

¿Qué pasa?

Lola

…parpadearon en la oscuridad.  

Manel

¡Corred! 

Lola

¿Rosa?

Rosa 

Por aquí.

Lola

¿Manel?

Manel 

¡Lola!… ¡Lola!

Lola

Mis compañeros corrieron. Pero yo me quedé paralizada un segundo.

Y cuando salí detrás de ellos, ya no estaban allí. 

¿¿Lola?? ¿¿Manel?! 

¡¿Dónde estáis?!

Lola

Corrí alejándome de los disparos

No sabía si eran gendarmes franceses quienes disparaban…

...o el cuerpo de carabineros, leales a la República, que perseguían el paso clandestino de la frontera. 

Manel

¿¡Lola?!

Rosa

¿¡Lola, eres tú?!

Lola 

No sabía si estaba huyendo hacia Francia…

Manel 

¿¡Hay alguien ahí?!

Lola

O volviendo a España sin querer.

Rosa 

¿¡Hay alguien ahí?!

Solo sabía que tenía que correr, correr, con fe. Con esa fe con la que Paca esperaba encontrar a los suyos y yo esperaba encontrar a los míos y la libertad. Pero entonces… 

…me cegó otro fogonazo terrible…

Lola

¡Ah!

 …sentí un dolor en el costado… 

Lola

Y caí al suelo. 

Pensé: me han herido. Pensé: el bebé. Pensé: Ramiro. Pensé: mi iaia, Barcèlona, España, mi gente, mi familia. Pensé: Paca, Manel, Rosa. Pensé: este es el final. Pensé: qué pena todo, qué pena.

Y me quedé ahí tumbada. Cada vez más tranquila. Cada vez más en paz con la idea de descansar. De que todo este dolor, este esfuerzo, esta tristeza, por fin terminaran.