Sonia Pulido Ilustración Podcast La ruta del exilio

CAPÍTULO 1

Tienes que irte

Nadie olvida el momento en el que tiene que coger la maleta y huir. Dejar todo atrás, elegir qué llevarte a un viaje incierto y despedirse. De todo y de todos. Las dudas sobrevuelan el momento: ¿volverás a ver a esa persona otra vez? Lola tiene que dejar Barcelona ante el avance de las tropas franquistas. Duha debe recoger lo que puede de su casa en Gaza después de que su padre pronuncie una frase que no ha podido olvidar “nos vamos”.

Escúchalo en: SPOTIFY · YOUTUBE · IVOOX · APPLE

CRÉDITOS

Victoria Luengo es Lola.
Duha Alzaiti ha contado la historia real de su familia gazatí.
Oriol Pla es Manel.
Elsa Veiga es la abuela de Lola.
El locutor republicano es Javier Gallego.
Sohaib Nadi pone voz al locutor franquista.

Dirigido por Javier Gallego.
Escrito por Javier Gallego, con la colaboración de David Pascual.
Documentación y redacción por Ángela Sepúlveda.
Pablo de Diego ha hecho la música, las mezclas y el diseño sonoro.
Las grabaciones son de Kelu Robles y el montaje de Mateo Garry.
Producción ejecutiva de Zeltia Tabeaio.
Ilustraciones de Sonia Pulido.

Los testimonios reales de este capítulo pertenecen a Carme Casas, Josep Colom, Eulalia Sangenis y Luis Martín cedidos por el Museu Memorial de l’Exili. Los han traducido Juan Diego Botto, Miren Iza y Alberto San Juan.

Las noticias han sido locutadas por Silvia Intxaurrondo, Juanlu Sánchez, Txel Freixas, Javier Ruiz, Almudena Ariza, Fran Sevilla, Juan Ramón Lucas y Olga Rodríguez.

TRANSCRIPCIÓN DEL EPISODIO

Lola

El exilio comienza cuando tienes que abandonar la casa, cuando tienes que dejar atrás todo lo que amas y te marchas sin saber adónde vas, si volverás o no volverás.

Josep Colom

Salvar el pellejo. Para mí el exilio era eso: pasarlas putas, que decía yo, pero salvar el pellejo. No dejarte la piel en el camino.

Eulalia Sangenis

Cuando tú veías aquello, cuando veías a toda esa gente tan deshecha te dabas cuenta de que ibas a pasar calamidades. Porque había gente que se moría. Yo he visto a gente muerta que se quedaba en las cunetas, eh.

Luis Martin

Y teníamos esa esperanza, la esperanza de acabar de una vez por todas con los padecimientos que habíamos pasado, de quitarnos las enfermedades que traíamos… Y en cuanto cruzamos los Pirineos nos dimos cuenta de que estábamos equivocados.

 

Lola

Y yo tuve este pensamiento: tú estás sola, no sabes dónde está la familia, no tienes a nadie en quien apoyarte… Y de ahora en adelante, ¿qué pasará? ¿Seguirás estando sola?

 

Esto es Nacional 2. La ruta del exilio.

Capítulo 1. Tienes que irte

…es la mayor avalancha humana de nuestros días, cerca de medio millón de refugiados españoles han huido a Francia en estas dos semanas de enero y febrero de 1939.

 

…se calcula que entre 40 y 60 millones son los desplazados por esta Segunda Guerra Mundial, el mayor éxodo registrado en la historia…

 

…de 14 a 18 millones han dejado sus hogares por la división de India y Pakistán en este 1947, una cifra nunca alcanzada dentro de un país, que ahora son dos.

 

… El número de refugiados en el mundo ha alcanzado los 51,2 millones en este 2013, la mayor cifra desde la última contienda global…

 

…casi 14 millones y medio de sirios se han exiliado desde el estallido de la revolución en 2011 hasta la caída del régimen en 2024…

 

11 millones de ucranianos se han visto forzados a salir de sus casas desde la invasión rusa en 2022 hasta este 2025…

 

hay casi 13 millones de refugiados por el conflicto y el genocidio en Sudán que empezó en 2003 y aún hoy continúa…

 

…en este primer cuarto del siglo XXI, son ya 123 millones los refugiados en el mundo: un número que no ha dejado de crecer debido al genocidio de Israel en Palestina.

 

Lola

Recuerdo el día. El día en que se decidió que tenía que irme porque la guerra estaba terminando.

 

Duha

Recuerdo el día en que al llegar a casa, me dijeron: nos vamos.

 

Lola

Esa mañana había ido a la universidad de Barcelona, donde siguieron dando clases los tres años de la contienda a pesar de las bombas.

 

Duha

Fue un día como otro cualquiera porque para nosotros era normal que nos bombardearan en cualquier sitio, a cualquier hora.

 

Lola

Éramos muy pocos en clase, cada vez menos hombres, porque los mandaban al frente, y yo, una de las escasísimas mujeres. Mis padres siempre quisieron que estudiase y mi abuela se preocupó de que cumpliera su deseo aunque ellos ya no estuvieran.

 

Duha

Para mi familia estudiar siempre ha sido importante. En casa de mi madre, no habían querido que fuese universitaria, pero cuando se casó con mi padre, él le dijo “vas a ir a la universidad”, y se matriculó con ella.

 

Lola

Yo tenía una beca de estudios porque éramos pobres. Soy hija de dos sindicalistas de la CNT y, como ellos, yo también lo fui. Pero a mí me crió mi abuela. Mi madre murió cuando me tuvo y mi padre cuando yo tenía cinco años, en 1923, en la represión contra el anarquismo que llevó a la dictadura de Primo de Rivera.

 

Duha

Yo estudiaba con mis primas y con amigas. Me acuerdo ahora de los descansos en los que iba con ellas a la cafetería a comprarme una bolsa de aquellas patatas picantes que me encantaban. Estaban riquísimas y picaban muchísimo.

 

Lola

Me acuerdo de que una compañera al despedirse me dijo que quizá ese fuera el último día que nos veíamos porque las clases se suspendían. Y que yo le dije “no seas tonta, que seguro que volveré a verte” porque me aferraba a esa sensación de que todo seguía como siempre…

 

…las mujeres tejiendo al sol, los niños en los colegios, las fábricas cerradas y el tranvía averiado. Como siempre. Por eso, ese día tuve que volver a casa andando. Cinco kilómetros. A la mitad, me quité los zapatos y seguí con los pies descalzos, mis uñas coloreando de rojo el sucio asfalto.

 

Así que yo empecé a caminar antes incluso de haberme ido…

 

Hasta que tuve que salir corriendo porque volvían los aviones.

 

Y mientras la gente era engullida por las bocas negras de los refugios, yo seguí a la carrera hasta casa.

 

Ahí sí hubo algo diferente al resto de días

 

Sonaron las sirenas, pero las baterías

antiaéreas se quedaron mudas

 

Como si ya no tuviéramos respuesta.

  

Duha

Volvía corriendo de las clases. Mi padre nos estaba esperando. Mi madre preparaba la comida. Yo entraba en la cocina para ayudarla. Ella decía “haz esto, haz lo otro, venga rápido”. Hacía maqlubah, musakhan, mloukhiyeh… Aquí también hace esos platos, pero no saben igual que allí, no sé, no es lo mismo, es otra cosa.

 

Lola

Aquel día mi abuela había preparado lentejas. 

 

Las dos

Era invierno.

 

Lola

Comimos las dos solas, en silencio. Con el ánimo sombrío. Removiendo la sopa como quien remueve los pensamientos. Creo que ahí empecé a darme cuenta de la situación. Mi aia era una mujer recia y fuerte, que había soportado mucho, pero nunca la había visto tan para dentro, tan callada. Me parecía escuchar cómo se quebraba allí mismo el espejismo en el que yo vivía.

 

Duha

Y entonces, mi padre dijo:

 

“Nos vamos”

 

Él siempre decía que teníamos que irnos, pero ninguno creíamos que fuera en serio. Mi madre se quedó en shock. Se opuso. Cómo iba a dejar allí a mi familia, a su madre. Y él respondió: “No quiero que mis hijos sigan viviendo esto”. Ella tampoco podía separarse de nosotros, así que ese mismo día se lo comunicaron a mis tíos, a todos. Recuerdo que los hermanos de mi padre le decían: “no sales nunca de tu cueva (porque mi padre estaba siempre en casa) y cuando sales, sales del todo, sales del país” .

 

Lola

Y entonces, esa misma tarde, mi iaia

rompió su silencio y dijo:

 

Abuela

Tienes que irte, Lola.

Lola

Era el 15 de enero del 39. Un invierno en el que las noticias te helaban la sangre tanto como el frío.

Locutor

…y habiendo el glorioso ejército nacional recuperado en el día de hoy la ciudad de Tarragona, las tropas valerosas siguen conquistando los territorios rebeldes de Cataluña en su heroico avance hacia Barcelona, donde les aguarda, con la ayuda de Dios, la victoria sobre las huestes rojas…

Lola

Había caído Tarragona y nosotros éramos los siguientes.

Lola

Lo escuchamos en la radio. Teníamos una en casa, la única del edificio, y venían todas las tardes los vecinos a escucharla con nosotros.

Lola

¿Podéis callaros de una vez, que así no se escucha nada?

Manel

Qué carácter, Lola.

Lola

Qué carácter ni qué carácter.

Lola

También estaba Manel, mi mejor amigo, anarquista y cenetista como yo, con quien me integré en las milicias de defensa de Barcelona.

Locutor

…por fortuna el triunfo del Bando Nacional está poniendo fin a la tragedia de este país, que hoy se dedica a vitorear incansablemente al ejército salvador y a su Caudillo. ¡Viva España, viva….

Manel

Hay que huir.

Lola

Hay que no cagarse en los pantalones, Manel.

Abuela

Hay que no dejarse matar sin razón.

Lola

Es a la sinrazón a la que hay que hacerle frente, iaia.

Manel

Aquí ja no hi podem fer res.

Lola

(enfadada)

¡Siempre se puede hacer algo!

Abuela

(firme)

No si te matan.

Tienes que irte Lola

 

Duha

Cuando te vas, no piensas que es para siempre.

 

Lola

No piensas que no vas a volver.

 

Duha

Que hay gente a la que quieres a la que no vas a ver más.

 

Lola

Que hay calles que amas que no vas a volver a pisar.

 

Duha

Mi calle era estrecha, aunque ahora ha sido destruida por las bombas, era una calle pequeña que daba a una plaza mayor… bueno, una plaza así grande que ahí siempre  jugaba a la rayuela, y al fútbol aunque los chicos protestaban, como en todos lados. Pero a mí me daba igual. Era un barrio lleno de vida. A pesar del terror. Como mi casa, donde siempre había gente. Venían los vecinos, venía mi familia… En nuestro salón se juntaban hasta 50 personas.

 

Lola

En mi barrio, la vida se hacía en la calle: las mujeres a la fresca, los corrillos de hombres, el correteo de los niños, el trasiego de obreros, el trajín de las tiendas…

 

Pero ese último día, el bullicio era otro: los llantos de despedida, las carreras ansiosas, los motores en marcha, los bultos arrastrados en la huida, y no solo el ruido sino el olor: el ruido y el olor de las hogueras en las que quemaban los recibos, pasquines, cartas y libros comprometedores que se arrojaban al fuego como restos de una ruina…

 

 

Las mismas piras que los fascistas encendía en cada ciudad que tomaban, ahora las prendíamos nosotros ante el temor de su llegada.

 

Éramos muchos en ese barrio que teníamos que temer por nuestras vidas.

 

Éramos muchos los que participábamos en sindicatos, en partidos políticos y en las milicias.

 

Locutor 

Camaradas, el Gran Exilio es ya una realidad. Desde Cataluña han emprendido el camino de la retirada miles de compatriotas, entre catalanes que abandonan su tierra, y españoles de otras regiones que huyen de la represión. La carretera general hacia Francia se ha convertido en un embudo por el que también marchan nuestros soldados ante la imposibilidad de defender Barcelona por más tiempo. Hombres y mujeres, niños y ancianos, heridos y enfermos, avanzan cargados y doloridos bajo el frío invernal, la mayoría a pie, dejando a su paso un reguero de vehículos rotos y objetos tirados en las cunetas como muebles viejos.

 

Duha

Yo aún no era consciente de lo que pasaba. Creía que nos íbamos de vacaciones. Era muy pequeña, no entendía nada. Sabía que no era como en verano, sabía que no íbamos a la playa y tampoco a la casa de los abuelos, así que pensaba que nos íbamos de vacaciones a otro país como siempre veía en la tele.

 

Lola

No me fui inmediatamente. Mi iaia tardó en convencerme. Yo era obstinada como ella, y como dicen que eran mis padres. Le fui dando largas hasta que no hubo más remedio que irse. Porque tenía una razón poderosa para esperarme: Ramiro, mi novio.

 

Duha

El día de antes estuve haciendo fotos con mis amigas, muchísimas fotos, al salir de clase. Y entonces vino una amiga, una amiga muy cercana, que estaba en otro cole. Vino llorando, no paraba y le dije:

“no seas tonta, que seguro que volveré a verte”.

Pero creo que ella sabía que no era así.

 

Lola

Ramiro estaba en el frente. Yo esperaba que apareciese en cualquier momento entre ese desfile de soldados barbudos y sucios, de mejillas hundidas y rostro ojeroso que se arrastraban por las aceras camino del norte.

 

Duha

Ella sabía que no iba a volver a verme.

Lola

Yo creía que no iba a volver a verle.

 

Duha

Era como si supiese que si me iba,

no volvería a verla con vida.

 

Lola

Era como si pensase que mientras me quedara,

él aún podría seguir con vida.

 

Duha

Murió el año pasado.

 

Lola

Pero que si me iba, lo matarían.

 

Duha

Mejor dicho… la mataron.

 

Lola

Las despedidas. He tenido tantas. He tenido que despedirme tantas veces, de tanta gente, de tantos sitios, de tantas cosas, que a veces me parece que mi vida ha sido una despedida. El exilio es un adiós que no se acaba.

 

Las dos 

La última mañana, mi casa se llenó de gente.

 

Lola

Vecinos, amigos, familia.

 

Duha

Todos lloraban.

 

Lola

Hice un hato con una sábana donde metí un poco de ropa, unas mudas y una edición de las Poesías Completas de Antonio Machado entre cuyas páginas guardé fotos queridas: mías, de mis padres, de Ramiro y de mi abuela. Ella me dio, ¿cómo lo dijo?,

 

Abuela

“unas tonterías para que te acuerdes de tu iaia”

 

Lola

Un collarcito de plata que llevó en su boda y una bufanda larguísima que me había estado haciendo desde primavera.

 

Duha

Mi madre me dijo, olvídate de tu ropa, olvídate de tus cosas, solamente lleva lo importante. Era como olvidarte de tu vida. Yo conseguí convencerla de llevar solamente unos recuerdos, como unos cuadernitos con notas que me habían hecho mis amigas, y una muñeca, un peluche blanco y morado con el que duermo todavía. No puedo dormir sin ella. Se llama Palestina.

 

Lola 

Al final del día, fuimos a la casa de la CNT-FAI, que había tomado el edificio de Foment del Treball, la sede de la Patronal, en Via Laietana. En la puerta hacían guardia unos milicianos con ametralladoras. Había mucha gente con bultos y maletas muy ansiosa porque los camiones no llegaban.

 

Salieron unas mujeres cargadas con cajas de cartón y de una de ellas cayó un bote de conservas que rodó hasta mis piernas: era leche condensada. Me la metí en el hatillo. Me haría falta.

 

Duha

Entonces llegó la hora. Abracé a mi prima que era mi mejor amiga y que no paraba de llorar y me eché a llorar con ella. Empecé a llorar y ya no paré de hacerlo hasta que llegamos a la frontera porque ahí es cuando me di cuenta de que nos íbamos y quizá no volvería.

Lola

Y ahí es cuando yo pensé que ojalá

esos camiones no llegaran nunca.

 

Lola

 Era la noche del 25 de enero, la víspera de que los fascistas entraran en Barcelona. El cielo tenía una enorme luna roja. Los pájaros escapaban en bandadas. Yo no quería seguirlos.

Abuela

Hija, me he jurado que te iba a subir en ese camión y bien sabe dios que lo voy a hacer.

Manel 

(en segundo plano)

¡Lola, anem!

Lola

(firme)

Jo em quedo

Abuela

No es negociable, Lola.

Soldado

(en segundo plano)

Quien no se suba ya, aquí se queda. No lo voy a repetir más.

Abuela

Vamos, vamos, que se va.

Lola

No me puedo ir sin Ramiro.

Manel

(en segundo plano)

¡El camió se’n va!

Lola

(cada vez más nerviosa)

¿Y si llega ahora?

Abuela

(muy preocupada)

¡Niña!

Lola

(enfadada)

Però si marxem, ¿qui lluitarà contra els feixistes?

¿Vais a luchar las viejas?

Abuela

¡¡Niña!!

Lola

(deshecha, temblando)

No lo entiendes. Ramiro y yo queríamos… Nosotros…

Manel

(en segundo plano)

¡Lola, si us plau!

Lola

(se quiebra)

¡No nos podemos separar!

Abuela

(rotunda)

Lo único que yo entiendo, mi amor, es que si no te vas,

lo que os separará será la muerte.

Soldado

¡Última oportunidad! ¡Nos vamos!

Abuela

Venga, sube ya.

Manel

¡Dòna’m la mà! ¡Arriba!

Lola

Dile a Ramiro que…

Abuela

Yo se lo digo…

¡Cuídate mucho, mi niña!

¡Espero volver a verte!

Lola

Y así es como me marché. Así abandoné mi país.

 

Lola

Nunca volví a ver a mi iaia.

 

Duha

Yo no he vuelto a Gaza.

 

Lola

Por eso estoy aquí. Por eso quiero contarte mi historia y que tú me cuentes la tuya: porque yo he pasado por lo que tú estás pasando y quiero acompañarte en el camino que te queda.

Porque aún te queda camino.

 

Duha

El exilio es un adiós que no se acaba.

 

Lola

Yo estuve sola. Aunque me acompañaba un amigo, aunque hice amistades en la carretera, los perdí y me quedé sola, había dejado a mi familia. Pero tú tienes a la tuya. Y ahora me tienes a mí: Me llamo Lola.

 

Duha

Me llamo Duha.

 

Lola

Cuando estalló la guerra en 1936, yo tenía 20 años.

 

Duha

Cuando nací en 2002, el genocidio siempre había estado ahí.

 

Lola

Cuando salí de España, aún no había cumplido los 23.

 

Duha

Cuando salí de Palestina, aún no había cumplido los 14.

Los cumplí en Egipto, dos meses después.

 

Lola 

Yo cumplí los 23 en Francia.

 

Duha

Es la edad que yo tengo hoy.

 

Lola

Yo dejé mi país en febrero del 1939

 

Duha

Y yo el mío en diciembre de 2015.

 

Las dos 

Era invierno.

 

Lola

¿Puedo hacerte una pregunta?

 

Duha

¡Claro!

 

Lola

¿Qué decían las notas de los cuadernos que te escribieron tus amigas?

 

Duha

No lo sé. Diez años después, aún no he sido capaz de leerlas.

FIN